Isabelita y la tarde en que llovió. Mucho.

Desde que la conocí supe que era lo que había estado buscando estos últimos años, la pieza que me faltaba en éste rompecabezas de sueños y recuerdos que he intentado armar desde que tengo memoria. Ella representa lo que quiero que sea de mí, lo que sea que de mí haya sido, ella es lo que yo soy capaz de hacer. Sí, es grandiosa, perfecta, atribulada, perdida y un poco olvidada; es el argumento que necesitaban mis manos para hacerme inmortal. Ella, sin embargo, se convirtió en el silencio que despierta junto a mí cada mañana, vive en las ideas que reposan en mi oído por las noches y deambulan por mis venas cada tanto. El silencio no se convierte en palabras, por más que queramos.

Lástima.

Isabelita esta allí sentada en un rincón, mirándome desde el espejo, esperando que la escriba.

Yo no sé qué hacer.

Advertisement

There are no comments on this post.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Connecting to %s

Follow

Get every new post delivered to your Inbox.