Ahora scribir acá es como hablar en público, porque la idea es buena pero todo termina en un desastre. Y ya no me gusta.
Noche lóbrega y fría impregnada de tristeza, la que obliga a buscar urgentemente a un dios cualquiera entre las lágrimas, detrás del sufrimiento, en el abismo del desconsuelo. Se repite a sí misma mientras intento olvidarla buscando a la esperanza que se esconde en el mañana, pero que nunca espera por mí… mientras me aferro al pequeño trozo de madera que habrá de sostener la iusión de pisar tierra firme.
Y siempre la misma respuesta: nuevos rostros formándose en las vetas de la madera y las manchas de pintura en la pared, abriendo monstruosamente sus ojos y acercándose a mi con la intención de devorarme, obligándome a buscar refugio bajo las cobijas… hasta que el sueño me rescate del fondo del agua y me lleve flotando hasta mañana.
Es la noche la que mata mi fe.