to begin slashing echoes.
Isabelita y la tarde en que llovió. Mucho.
Desde que la conocí supe que era lo que había estado buscando estos últimos años, la pieza que me faltaba en éste rompecabezas de sueños y recuerdos que he intentado armar desde que tengo memoria. Ella representa lo que quiero que sea de mí, lo que sea que de mí haya sido, ella es lo que yo soy capaz de hacer. Sí, es grandiosa, perfecta, atribulada, perdida y un poco olvidada; es el argumento que necesitaban mis manos para hacerme inmortal. Ella, sin embargo, se convirtió en el silencio que despierta junto a mí cada mañana, vive en las ideas que reposan en mi oído por las noches y deambulan por mis venas cada tanto. El silencio no se convierte en palabras, por más que queramos.
Lástima.
Isabelita esta allí sentada en un rincón, mirándome desde el espejo, esperando que la escriba.
Yo no sé qué hacer.
I hate myself when fragile
I’d rather have a knife pulled on my throat as i swallow one hundred razorblades than puking.
I prefer to be buried alive six hundred and sixty six feet under than puking twice.
mira lo que encontré en un draft de hace dos meses
ghosts can’t touch me, with them i become senseless. I can hardly breath but there’s no air coming into me, i’m afraid of reality, of things and feelings and feelings and feelings and smiles and tears, i’m afraid because they do touch me, the may hurt me. I used to run away from light, stay in the dark corner, letting the ghosts (called solitude) roam inside my veins, making me feel empty, empty, sensless, safe.
but then there was you. you promised me the world i have feared, you encouraged it to touch me, to hurt me, you took my hand and thaught me to breath life, to touch matter, to stay away from static, to breath smoke, to feel pain, to keep some distance from myself.
you did it, just like you promised. somehow i’ve became addicted. i cannot go back to the place where nothing can be seen clearly, where my imaginations covers all surfaces turning them smooth and pleasant. i don’t wan’t it anymore. once you feel, you can’t stop.
i dare to call it love.
there is no way out now. i won’t need to decide between emptiness and blood.
from now on, i choose the pain, tears, dirt, wounds… all those things i dare to call love.
musta & punainen
Ahora scribir acá es como hablar en público, porque la idea es buena pero todo termina en un desastre. Y ya no me gusta.
Noche lóbrega y fría impregnada de tristeza, la que obliga a buscar urgentemente a un dios cualquiera entre las lágrimas, detrás del sufrimiento, en el abismo del desconsuelo. Se repite a sí misma mientras intento olvidarla buscando a la esperanza que se esconde en el mañana, pero que nunca espera por mí… mientras me aferro al pequeño trozo de madera que habrá de sostener la iusión de pisar tierra firme.
Y siempre la misma respuesta: nuevos rostros formándose en las vetas de la madera y las manchas de pintura en la pared, abriendo monstruosamente sus ojos y acercándose a mi con la intención de devorarme, obligándome a buscar refugio bajo las cobijas… hasta que el sueño me rescate del fondo del agua y me lleve flotando hasta mañana.
Es la noche la que mata mi fe.

